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El profesor Gumersindo Márquez y sus estudiantes del ciclo dos del Colegio Luis Carlos Galán Sarmiento.

Historias ejemplares, "Para aprender, nunca será tarde"

Aydé María Jiménez comienza a preparase los lunes desde las 5 de la tarde, en su humilde casa del barrio El Milagro, en el sur de Barranquilla.
La mujer arregla sus útiles escolares con cierta mesura y tranquilidad, sin los afanes y la prisa que traen los años juveniles, ya que ella es una mujer de 60 años, hecha y derecha, que trajo a este mundo 10 hijos.

Su vida ha trascurrido en el rebusque de la calle, el regateo de los precios del pescado y el suero que ofrece caminándose de pretil a pretil los recovecos de los sectores circundantes al suyo. A las 6 de la tarde ya está ubicada entre sus 25 compañeros del salón de clases del Colegio Luis Carlos Galán Sarmiento, del barrio La Luz.

A algunos les parecerá raro que una mujer con 10 hijos y con 60 años se encuentre entre pupitres, sillas, abanicos de techo y escuchando atenta las indicaciones de su profesor, licenciado Gumersindo Márquez, que integra el equipo de 12 profesionales de esta institución, que ceden su tiempo para ayudar a formar a todas las personas interesadas en capacitarse y de esta manera robarle terreno al analfabetismo. Y como en el amor, si existe el deseo y si el impulso y la motivación están intactos, nunca es tarde para aprender.

Aydé es una de los afortunados barranquilleros que hoy tienen acceso a una nueva oportunidad de formarse gracias a la voluntad y al convenio que existe entre el Ministerio de Educación Nacional, la Organización de Estados Americanos (OEI) y Ecopetrol, quienes, apoyados por las diferentes secretarías de Educación del país, buscan formar personas participativas y productivas. Este modelo hace parte del programa de Alfabetización Nacional que es operado por la Universidad Católica del Norte.

‘Modelo a Crecer’, como así se llama, comenzó a operar en el país en el año 2001, y en Barranquilla, desde el mes de octubre de 2012. A la fecha cuenta con 1.500 participantes en cerca de 20 colegios del Distrito. “El programa es totalmente gratuito y funciona en los sectores más vulnerables de la ciudad y la mayoría de participantes son adultos mayores, tenemos uno que tiene 85 años. El 40% de los estudiantes son mayores de 50 años”, aseguró Eduardo De la Hoz, coordinador del operador en Barranquilla.

“Yo no sabía nada de nada, ahora es que estoy medio aprendiendo, es que mis padres eran muy pobres y nunca me pusieron a estudiar. A mí me dijeron unos vecinos y me animé a venir porque quiero aprender”, dijo Aydé, a la que las canas no le hacen peso para volver a coger el lápiz y el cuaderno y superarse como persona.

El modelo se socializa con los diferentes rectores de las instituciones y estos a su vez le transmiten a su personal de planta para que se animen a integrar el programa. Los docentes buscan de casa en casa a los posibles estudiantes a través de charlas motivacionales.

“A nosotros nos dijo el rector y nos tocó ir por el barrio a buscar la gente y convencerlos. Muchos de ellos llegan iletrados al primer ciclo donde cursan los grados primero, segundo y tercero, en el ciclo dos ven cuarto y quinto de primaria y la idea es que el algún momento se pueda ampliar hasta la básica secundaria”, explicó Gumersindo, que cuenta con la total simpatía de sus 25 alumnos.

Francisco Corena Guerrero, otro de los alumnos, tiene el cabello poblado de plateadas hojas otoñales, usa lentes para ayudar a sus gastados ojos que durante años registraron caminos y trochas allá en su natural Lorica, donde desde los 13 años aprendió a conducir y su pasión por el timón y la misma necesidad lo empujaron a abandonar los estudios en tercero de primaria.
Hoy, a sus 71 años, después de haber traído al mundo 5 hijos decide que en definitiva tiene que aprender, porque 4 de sus hijos son profesionales y le sirven de ejemplo.

Francisco, apertrechado detrás de su lentes de aumento, lanza un dardo endulzado con desparpajo y buen humor: “La verdad es que yo quiero aprender para ser alguien en la vida”, palabras dignas de reflexión que salen de la boca de un hombre humilde de 71 años que ya crió a sus hijos y tuvo la fuerza y la voluntad de brindarles la posibilidad de formarse y hoy busca una oportunidad para él mismo.

“Ellos están en el ciclo 2 en el módulo 4, y bueno, la verdad es que es bonito verlos a todos con ganas de superarse. El objetivo es formar personas productivas y participativas que influyan dentro de su comunidad, que sean propositivos. Uno de los objetivos del modelo es intentar acabar el nivel de analfabetismo en el país”, apuntó el profesor.

Otra de las estudiantes, Isabel Barrios, tiene 69 años, una hija que crió a punta de esfuerzo laborando en oficios varios en algunas casas particulares, y en su bolso no solo carga con los útiles escolares, también lleva un cúmulo de sueños a los que viene enfrentando paso a paso y con determinación. “Este fue el primer paso porque yo quiero validar después el bachillerato y si están las fuerzas y Dios me lo permite estudiar una carrera. Yo siempre quise estudiar Psicología para ayudar a las personas con problemas y aconsejarlos y motivar al que lo necesite para que estudie y se prepare. Nunca es tarde para aprender”, señaló.

Este grupo de vecinos del barrio La Luz, La Chinita y los alrededores, estos 25 alumnos del profe Gumersindo pareciera que no le pesan los años, ni las diferencias. Un grupo heterogéneo que solo tiene en común el hecho de que les ha tocado enfrentar la vida exentos de privilegios y de los que muchos podrían llegar a pensar que ya vienen de regreso de todo. Con este acto de fe y de valentía, sentados en un salón de clases pese a sus años, le entregan a la ciudad y al mundo entero una inusitada lección sobre la persecución de los sueños, sobre el hombre y su capacidad de superarse.

Fuente: www.elheraldo.co

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