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Monseñor Elkin Fernando Álvarez Botero en acto de posesión.

Se posesionó nuevo Obispo de Santa Rosa de Osos y Gran Canciller UCN

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Este 16 de diciembre, en la Catedral de Santa Rosa de Osos, tomó posesión Canónica Monseñor Elkin Fernando Álvarez Botero como nuevo Obispo de la Diócesis. Será también el Gran Canciller de la Católica del Norte.

En ceremonia presidida por el Señor Nuncio Apostólico de S.S. Francisco, Monseñor Luis Mariano Montemayor, se cumplió el acto de posesión canónica del nuevo Obispo de Santa Rosa de Osos, Monseñor Elkin Fernando Álvarez Botero, quien se venía desempeñado como Obispo Auxiliar de Medellín y Secretario General de la Conferencia Episcopal Colombiana.

Esta Eucaristía de posesión, estuvo acompañada por los Arzobispos Metropolitanos de Santafé de Antioquia, Monseñor Orlando Corrales, y Medellín, Monseñor Ricardo Tobón Restrepo. Igualmente, asistió un buen grupo de señores Obispos entre los que se destacaron aquellos salidos del clero diocesano de Santa Rosa. Lo propio hicieron Sacerdotes y laicos que completaron un grupo limitado debido a la pandemia.

Por la Católica del Norte, asistieron el Rector, P. Diego Luis Rendón Urrea; el P. Eduin Alberto Salazar Giraldo, Vicerrector y Rector del Cibercolegio UCN; el P. Julio César Caro Lopera, Director de Pastoral y Bienestar, y el P. Luis Fernando Rojas Chavarría, Coordinador del Centro de Estudios Teológicos Benedicto XVI, quienes dejaron su saludo y bienvenida al nuevo Obispo y Gran Canciller mediante un Acuerdo de Consejo Directivo UCN.

La sede de Santa Rosa de Osos había quedado vacante desde el 2 de diciembre de 2019, cuando el entonces Obispo titular, Monseñor Jorge Alberto Ossa Soto, fue promovido como Arzobispo de Nueva Pamplona. Desde entonces, el Colegio de Consultores de la Diócesis eligió como Administrador Diocesano al P. Luis Alfonso Urrego Monsalve, quien durante un poco más del año, condujo los destinos pastorales de esta Jurisdicción.

Justamente, al inicio de la ceremonia de posesión, el P. Luis Alfonso Urrego Monsalve, hizo un recorrido por la historia y el contexto general de la Diócesis, sus fortalezas, sus falencias, sus riquezas y necesidades. Igualmente, destacó el papel fundamental que han tenido quienes han pastoreado esta porción del Pueblo de Dios hasta ahora y las grandes expectativas frente al camino que se inicia con Monseñor Elkin Fernando.

Una vez posesionado por el Señor Nuncio Apostólico, quien como signo visible, lo lleva y lo ubica en la sede catedralicia, el nuevo Obispo, después de enmarcar su homilía en el mensaje del Evangelio y la liturgia de la Palabra, hizo todo un recorrido donde, estructuradamente, trazó lo que se podría denominar su «plan» o «carta de navegación» para este camino que inicia entre nosotros.

«Me siento hoy como discípulo y como enviado, y voy con la certeza de que el Señor nos acompaña siempre hasta el final de los tiempos», fue su frase meridional con la que enmarcó su expectativa y su ideal de ministerio.

Monseñor Elkin Fernando Álvarez en acto de posesión.

Compartimos algunos apartes de sus homilía:

«El Señor me envía a una Iglesia que peregrina en una región hermosa por su riqueza natural donde por doquier se percibe la grandeza del Creador. Pero más bella aún por sus gentes: generosas, acogedoras, emprendedoras, solidarias, valientes frente a las dificultades.

Es una comunidad grande, no solo por su extensión geográfica, sino, y ante todo, por su patrimonio espiritual, cimentado sobre la arraigada fe católica de este pueblo.

El Señor me envía a esta Diócesis que ha entregado a la Iglesia frutos de santidad como el de nuestro muy querido Beato P. Marianito a cuya intercesión me confío y confío especialmente a los sacerdotes.

El Señor me envía para proseguir la tarea pastoral que con generosidad sin límites y respondiendo a los desafíos de cada época, desplegaron santos obispos: Maximiliano Crespo, Miguel Ángel Builes, Félix María Torres, Joaquín García, Jairo Jaramillo, Jorge Alberto Ossa.

Hago mención especial de la vida y el ministerio del venerable Monseñor Builes, pues su talante pastoral, su profunda piedad, su celo, su ardor misionero, su entrañable amor a la Virgen, su santidad de vida, han marcado indeleblemente el pasado y el presente, y marcarán el futuro de esta porción del grey del Señor.

Porque soy consciente de mis muchas fragilidades, me pongo en las manos del Señor y confío en su gracia. Me dejo conducir yo mismo por el ejemplo de Cristo, Pastor y Obispo de nuestras almas.

Quiero ser, en medio de esta comunidad, Maestro, Sacerdote y Pastor y manifestar con mi vida y ministerio, la paternidad de Dios, la bondad, la solicitud, la misericordia, la dulzura y la autoridad moral de Cristo que ha venido para dar vida y para hacer de todos una sola familia reconciliada en el amor.

Deseo y pido con todo mi corazón que el Señor me dé la gracia de saberme poner al lado, adelante y detrás, utilizando una imagen del Papa Francisco, de los Sacerdotes, de los más pobres, necesitados y excluidos; de los enfermos y ancianos, de las familias, de los jóvenes y de los niños. Quiero acercarme a quienes por diversos motivos se han distanciado de Dios o de la Iglesia; quiero abrir horizontes de diálogo con otras realidades de fe y con las diversas instituciones sociales. Quiero ser, con ustedes, testimonio de la posibilidad y plenitud de volver a Dios abandonando las vías que destruyen y la violencia que lleva a la muerte.

En fin, pido al Señor que me permita guiar, conducir, indicar, para que juntos recibamos el acontecimiento del Reino de Dios entre nosotros.

No podemos ignorar las dificultades que encontramos en el camino. En efecto, los retos y desafíos de esta hora son grandes, por no decir gigantes, y no podemos sucumbir frente a la tentación del miedo, del desánimo o de la parálisis. Hoy el Señor nos insiste: “vayan mar adentro.

Justamente, como ya lo ha dicho el señor Nuncio, me sumo como pastor al caminar de esta Diócesis en una hora signada por la incertidumbre y el sufrimiento, no solo a causa de la pandemia y los desastres naturales, sino también por la violencia que sigue sembrando muerte en diversos sitios de nuestra Diócesis por los enfrentamientos entre hermanos, por la funesta maquinaria del narcotráfico que corrompe a personas e instituciones, por la destrucción irresponsable de la creación. Causan dolor la ruptura de las familias, la pobreza, la falta de oportunidades , las desigualdades y discriminaciones, los graves atentados contra la vida y la dignidad de tantos hermanos.

Hay que reconocer que a pesar de la profunda fe de esta comunidad, ella no ha sido inmune al contagio del secularismo, de la indiferencia y del olvido de Dios.

Por todo lo anterior, urge que volvamos a Dios, así como el anuncio del primera lectura: “vuelvan a mí para salvarlos”. Y sigamos caminando juntos. O como nos exhorta la carta a los Hebreos, que corramos con fortaleza la prueba que se nos propone desechando todo lastre del pecado que nos asedia fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma nuestra fe.

Sí, sigamos caminando juntos hacia el encuentro permanente con Cristo, Camino, Verdad y Vida; hacia comunidades cristianas vivas y dinámicas; hacia una Iglesia organizada, con comunidades unidas, que sean casa de fe para todos; hacia una Iglesia diocesana en la que sigan germinando y en la que puedan crecer las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, así como las vocaciones laicales; hacia la madurez de la fe que nos impulsa a vivir decididamente el Evangelio y a ser testigos valientes de los valores del Reino, aunque debamos hacerlo en contracorriente; hacia la reconciliación y la paz que Cristo nos consiguió con su sacrificio en la cruz, así como lo hemos proclamado en el salmo, esperamos que en este tiempo, en esta Diócesis, la misericordia y la felicidad se encuentren, la justicia y la paz se besen; hacia el compromiso efectivo de caridad con los más pobres y frágiles de la sociedad; hacia la verdadera fraternidad entre todos; hacia los que esperan el anuncio y testimonio de la Buena Nueva como nota característica e toda comunidad eclesial, Santa Rosa de Osos ha sido y ha de seguir siendo una Diócesis marcadamente misionera.

Si avanzamos en este camino, podremos seguir contando lo que hemos visto y oído: que hemos encontrado a Jesús y que hemos conocido su salvación.

Así como lo hice ayer en su santuario, pongo a nuestra Iglesia de Santa Rosa de Osos y el ministerio de Pastor que inicio en ella, a los pies de Nuestra Señora de Las Misericordias. Ella, como lo hizo con la comunidad apostólica en el cenáculo, ore con todos nosotros para que vivamos un nuevo pentecostés y salgamos a anunciar por todos lados las maravillas de Dios».

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